Futuro bajo sospecha

En los últimos meses hemos podido leer en los periódicos o ver en la televisión como los políticos están tomando medidas para poder salir de la grave crisis económica. Muchas de estas medidas hacen referencia a los recortes presupuestarios en educación. Sin ir más lejos en Badalona, mi ciudad, el señor García Albiol prometió que si ganaba las elecciones los libros de texto serían gratuitos para todos los alumnos del municipio. A día de hoy ya ha hecho público que esta medida prometida no podrá llevarla a cabo, por ahora, por falta de presupuesto.

Me paro a pensar en la sociedad del futuro, en aquella que va a pagar mi pensión de jubilación (si es que llego a recibirla) y realmente me preocupa un poco. Creo que las mejores medidas anti crisis deberían ser aquellas que nos den más recursos para construir una economía fuerte en el futuro, no los parches electoralistas y las promesas vacías.

Según un estudio del 2008 hecho en Catalunya, el 79% de los jóvenes de 17 años se gradúan en la ESO y continúan sus estudios el 72% de ellos (56% en bachillerato y el resto en FP o otros estudios). Un dato más actual calcula que hay un 36% de fracaso escolar en el país.

España, según uno de los informes PISA (2010), está por debajo de la media mundial en comprensión lectora, matemática y científica.

Según un estudio del Observatorio Español sobre drogas en el 2009, sólo en adolescentes y jóvenes escolarizados, revela los siguientes datos interesantes.

Alcohol 14 años – 62% alguna vez

Alcohol 18 años – 92% alguna vez

Tabaco 14 años – 28% alguna vez

Tabaco 18 años – 60% alguna vez

Cannabis 14 años – 16% alguna vez (de estos un 20% de manera habitual)

Cocaína 14 años – 2% alguna vez

Cocaína 18 años – 12% alguna vez

Tranquilizantes sin receta 14 años – 14% alguna vez

Tranquilizantes sin receta 18 años – 22% alguna vez

Existen otros datos para reflexionar como el de la edad media de inicio en las drogas en Catalunya (2008): tabaco 13 años, cocaína 15,5 años, inhalantes 14 años o heroína 14,5 años.

El 63% confiesa sentirse triste alguna vez, el 60% nervioso en algún momento, el 27% nervioso con frecuencia y el 52% demasiado ocupado alguna vez.

Con todo esto no es de extrañar que en 5 años (del 2002 al 2007) los suicidios entre la población adolescente aumentó el doble, de 6 a 12 por cada 100.000 habitantes.

Me pregunto como estarán todos estos porcentajes a día de hoy y si la cosa ha empeorado mucho en 2011. Por suerte las estadísticas sólo son números y, en muchos casos, pueden manipularse o utilizarse como a uno le interese. Podemos decir que hay un 36% de fracaso escolar o comentar que el 64% de los jóvenes españoles progresan adecuadamente en su formación. Podemos negar un problema que va en aumento o empezar a pedir reformas en el sistema educativo español. Vaso medio lleno o medio vacio, avance o retroceso, futuro esperanzador o bajo sospecha. Que cada uno haga su propia reflexión.

La paradoja del abuelo

Supuesto 1

Una persona viaja al pasado y mata a su abuelo antes de que conozca a su abuela, de tal manera que nunca podrán crear a su padre.  Entonces el viajero no nacerá en un futuro ya que su padre jamás será concebido.

Supuesto 2

Si su padre no nace el viajero tampoco puede nacer. Pero si no nace no puede viajar al pasado y matar a su abuelo. Entonces si su abuelo no muere, éste si conocerá a su abuela y juntos tendrán a su padre. Así que el viajero si nacerá.

Este bucle de razonamiento circular no tiene fin. Esta paradoja se cree que fue expresada por primera vez por el escritor de ciencia ficción francés René Barjavel en su novela “El viajero imprudente” (Le voyageur imprudent) de 1943.

El otro día accidentalmente topé con la película El final de la cuenta atrás (1980) de Don Taylor. El film en sí es un poco triste, pero me llamó la atención el dilema moral que plantea. Resulta que en 1980 el portaaviones U.S.S. Nimitz sale de Pearl Harbour en una misión rutinaria. Se encuentran con una misteriosa tormenta que les hará retroceder en el tiempo hasta el día 6 de Diciembre de 1941, víspera del ataque de la flota japonesa a Pearl Harbor. Entonces el capitán tiene la difícil decisión de atacar a los japoneses con una tecnología superior a la época y evitar el ataque contra EE.UU, o por el contrario no influir en el transcurso normal de la historia.

Lo que el portaaviones atraviesa es un agujero de gusano. En física, un agujero de gusano, también conocido como un puente de Einstein-Rosen, es una hipotética característica del espacio-tiempo, descrita por las ecuaciones de la relativadad espacial, la cual es esencialmente un “atajo” a través del espacio y del tiempo. Al atravesarlo te podrías desplazar en el tiempo como si abrieras una puerta en el presente, caminaras por un pasillo y abrieras otra puerta en otro punto del pasado.

Imagínate que tienes ante ti un agujero de gusano, lo atraviesas y apareces en una plaza de Linz, Austria en 1896. Allí te encuentras en un parque al lado de un niño de 7 años que está jugando al borde de un precipicio. Entonces su madre lo llama para ir a comer y le dice “Adolf, tenemos que irnos”…

Los dilemas morales, las paradojas y las cuestiones sobre realidad, ciencia y física son las que hacen del concepto de viajar en el mundo un tema muy recurrente y jugoso. La literatura y el cine recogen múltiples ejemplos, unos más cerca de la realidad que otros, sobre el anhelado sueño de desplazarse a través del tiempo. Recomiendo ver la película Donnie Darko. Una paranoia espectacular sobre la idea de los universos primarios y tangenciales que no tiene desperdicio.