Las 7 claves de la excelencia deportiva

“Quien conquista a los demás es fuerte; quien se conquista a sí mismo es poderoso”.

Lao-tsé (570 AC-490 AC) Filósofo chino.

1. Compromiso

¿A dónde quieres ir y qué compromiso supone llegar ahí?

Perseguir un sueño y hacer todo lo necesario para ayudar – colaborar – contribuir. Fijarse unas metas personales y perseverar pese a los obstáculos, en los momentos malos recordar tu sueño – meta. El compromiso surge cuando te entregas a tu cometido y disfrutas del crecimiento personal continuado (recorrer tu camino).

La superación es tener o crear una visión positiva de adónde quieres llegar.

Un objetivo no tiene por qué convertirse en lo único a lo que aspires en la vida, pero sí debe ser lo único que exista para ti durante el tiempo que estés en el entrenamiento.

 2. Atención dirigida

Liberarse para que las cosas buenas sucedan de una forma natural (filosofía Zen). Estar centrado con la tarea y plenamente conectado con ella. Estar centrado lo es todo. Se trata de un espacio mental donde no existe nada más.

Centrarse es la habilidad mental más importante entre las que se asocian al aprendizaje creciente y al desempeño de alto nivel y consistencia. Ahí donde vaya tu concentración todo lo demás te seguirá, ella es tu líder.

3. Confianza

La confianza en tus acciones aumenta o disminuye según la calidad de tus experiencias y la medida en que has desarrollado tu fuerza mental. La confianza surge de tu compromiso con un trabajo de calidad, de hablarte a ti mismo de forma positiva sobre tus experiencias o tu papel en ellas y mantenerse positivo a través de multitud de desafíos y batallas a lo largo del camino. Esta surge cuando te sientes seguro de quién eres y qué haces.

Piensa en tu capacidad de forma positiva y recuerda que hay alguien que confía en ti para que actúes como si pudieras conseguirlo. Recuerda tus éxitos en experiencias pasadas (Visualización).

Extrae continuamente lecciones constructivas para mejorar la calidad y consistencia de tus actuaciones. La única manera de vencer en el juego de la confianza es fortalecer nuestras habilidades mentales. La confianza es como una llave maestra: abre la puerta de los mayores niveles de superación personal. Este don procede del respeto a ti mismo y de liberar tu cuerpo y mente para que actúen sin limitaciones.

4. Visualizaciones positivas

Es utilizar la imaginación de manera positiva para producir inspiración y visiones positivas. También ayuda a acelerar el proceso de aprendizaje. Además de aumentar tu confianza.

Los pensamientos y las imágenes positivas ayudan a crear el estado mental y la concentración para una actuación de calidad, y guían tus acciones de una manera positiva. Los mejores profesionales actualizan sus recuerdos positivos, rememoran sus sentimientos durante sus mejores actuaciones y crean unas visiones positivas de futuro. Utilizan sus visualizaciones para prepararse mentalmente para una práctica de calidad (filosofía Zen).

5. Preparación mental

Desarrollar habilidades físicas, mentales y técnicas que son esenciales para sobresalir en el deporte y la vida. Seguir un camino que saque lo mejor que hay en ti. Además de aprender las habilidades esenciales y llevarlas a la práctica para perfeccionarlas, es importante extraer lecciones y conclusiones de cada una de tus experiencias.

Puedes prepararte mentalmente si piensas en tus objetivos y en lo que vas a hacer para alcanzarlos. Para continuar aprendiendo y lograr un desempeño de alto nivel, es fundamental desarrollar un plan de acción y una forma de pensar que te lleven al estado ideal de preparación. Cuando descubras qué es lo que funciona y lo que es mejor para ti, has de seguir ese camino.

Las mayores barreras en nuestro camino a la excelencia son las psicológicas que nos ponemos nosotros mismos, muchas veces sin darnos cuenta.

 6. Control de la distracción:

Mantener una concentración eficaz y positiva frente a las distracciones. Es necesario entrenar esta habilidad mental para rendir al nivel deseado y llegar a la superación personal.

El control de la distracción se refiere a tu habilidad para mantener o recuperar una concentración positiva cuando te enfrentas a distracciones potenciales, obstáculos, material negativo o retrocesos. Las distracciones pueden ser externas, cuando proceden de la gente o las circunstancias de tu entorno; o internas, cuando surgen de tus propios pensamientos o de tus experiencias. Cuando esto sucede debes recordar rápidamente cual es tu objetivo y el buen camino para alcanzarlo. Los grandes profesionales son los que llegan a controlar sus distracciones o los que tienen una gran capacidad para recuperar la concentración después haberla perdido.

 7. Aprendizaje constante:

El jugador inteligente sabe lo que hace bien y lo que debe mejorar pues extrae lecciones importantes de cada experiencia o actuación. Debes tener como objetivo el mejorar en aspectos importantes y poner en práctica las lecciones aprendidas en tu aprendizaje constante.

El aprendizaje constante se centra en tres acciones importantes:

1- Reflexionar sobre lo que salió bien y por qué salió bien.

2- Apuntar a objetivos relevantes para continuar mejorando.

3- Aplicar las lecciones aprendidas

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Basado en el libro:

Entrenamiento mental, Terry Orlick (2003)

Editorial Paidotribo

 

El entrenador de baloncesto: La planifiación

     

             Para el entrenador la planificación es como la base de datos que procesa y controla el ordenador de un equipo. Ésta engloba todas las acciones que se van a llevar a cabo para realizar los planes y los proyectos en un período determinado. En la competición, cuando dos equipos están igualados, la ventaja la tiene aquél que utiliza planes preparados de antemano. Por este motivo, no entiendo un equipo bien trabajado sin que su entrenador haya invertido muchas horas en la confección de una estrategia de trabajo.

             Diseñar, programar y elaborar un proyecto formativo son sinónimos de planificar en el deporte. Con los años el entrenador aprende a mejorar su capacidad de organizar sus actividades y, poco a poco, configura lo que va a ser su método de trabajo. Aunque ésta no es tarea únicamente suya, también deben participar los directores técnicos, los miembros del club, los jugadores y todas las personas del entorno que tengan influencia directa. Es lo que llamamos grupo de trabajo, que engloba desde los preparadores técnicos y físicos hasta el que hace la tarea más pequeña en el equipo.

              La buena planificación es la que tiene un carácter flexible basada en el análisis y adaptación a la realidad variante. No hablamos de improvisar, sino de adecuarnos a la evolución de los jugadores, del equipo, de la competición y del propio juego del baloncesto. Muchas veces debemos variar nuestro plan inicial por no haber hecho un buen análisis inicial del estado antes del comienzo de la temporada. La ilusión por llegar lejos a veces nos ciega la realidad, queremos trabajar tantas cosas que terminamos alejándonos de los objetivos lógicos. Lo más sencillo y práctico va a ser siempre lo más efectivo. Lo primordial es reforzar lo básico, todos aquellos pequeños detalles que deben aplicarse como hábitos diarios para conseguir resultados con un trabajo a largo plazo. 

             No va a pasar absolutamente nada si termina el curso y no hemos trabajado todos los puntos que teníamos previstos al comenzar, lo verdaderamente preocupante sería haberlo hecho todo pero sin llegar a aprenderlo. En términos de planificación hablamos de calidad y no de cantidad, donde cada concepto tiene un tiempo no escrito para ser asimilado. Empezando por los conceptos básicos les iremos añadiendo dificultad progresivamente, de tal manera que la planificación siga el ritmo de mejora marcado por los jugadores y el equipo. Esta manera de trabajar se adapta mucho mejor a las necesidades reales del grupo, aunque esto no quiere decir que no luchemos por hacer aprender más y mejor a cada uno de ellos.

              El grupo de trabajo deberá observar y valorar el progreso del programa, para poder efectuar cambios o reforzar aspectos importantes que en principio no estaban previstos. De este estudio nacerá una nueva planificación que va a sustituir y mejorar la anterior, y se va a convertir en el camino más real al éxito deportivo. Quiero remarcar que no vamos a cambiar el contenido de nuestro trabajo si nos encontramos con jugadores poco sacrificados, que mejoran lentamente o que no prestan suficiente atención; en este caso el problema no es la planificación sino de paciencia y disciplina.

  

“Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada”.

Proverbio chino

             Su configuración siempre va a depender de las características del equipo y sus jugadores, no de nuestra filosofía o visión del juego. La dirección de la planificación la marca el equipo y el método de trabajarla, el entrenador. Aunque existan fórmulas que nos han funcionado en etapas anteriores, no serán nunca garantía de éxito con una nueva plantilla. Da igual si se trata de infantiles, minis o cadetes, no hagamos caso (sólo a modo de guía o manual de orientación) de las planificaciones que encontramos en libros, apuntes de cursos u otros entrenadores. A la hora de la verdad debemos trabajar lo que nuestro equipo necesita realmente en ese momento. He visto júniors que no saben hacer un cambio de mano con reverso, o minis que están preparados para conceptos de infantiles. Cada jugador y equipo tiene una edad formativa independiente a la categoría en la que juega, y es en ese estado de aprendizaje en el que debemos basarnos para configurar nuestro plan de trabajo.

Una vez tengamos previstos todos los aspectos de la planificación, hay tres conceptos que debemos tener claros para el día a día:

  • Constancia: Seguir una planificación requiere un trabajo continuo, preparar los entrenamientos en función de lo planeado. A veces las cosas no salen como queremos pero no por eso hay que cambiar sino ser más constantes y exigentes. Es un error muy común empezar muy fuerte y, poco a poco, desinflarse con el transcurso de la temporada. Somos los primeros que debemos dar ejemplo de trabajo, constancia e ilusión en lo que hacemos.

 “Si el hombre fuera constante sería perfecto”.

William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico.

 

  • Análisis: Valorar ejercicio a ejercicio y sesión a sesión el desarrollo de nuestro plan. Si somos capaces de medir y valorar el trabajo podremos adaptar la planificación a la realidad de nuestro equipo y de esta manera mejorar. Planificar es adelantarse, y de un buen análisis podemos prever y evitar futuros errores.

 “Cuando el carro se haya roto, muchos os dirán por donde no se debía pasar”.

Proverbio turco

 

  • Equilibrio: No podemos ser extremistas en baloncesto, todo es relativo y depende de muchos factores distintos. Tenemos que encontrar el punto en el cual seguimos lo planificado y a la vez adaptamos el proyecto a la situación real. Una balanza perfecta donde trabajamos todos los conceptos del juego y el desarrollo mental. En definitiva un estado de maestría de todos los elementos.

 “No vayas contra lo que es justo para conseguir el elogio de los demás”.

Lao-tsé (570 AC-490 AC) Filósofo chino.

 

El entrenador de baloncesto: La metodología (1a parte)

La metodología trata de encontrar una propuesta válida para optimizar el aprendizaje y que se convierta en una herramienta para gestionar el entrenamiento integral con eficacia. La metodología engloba todo lo que vamos a enseñar y sobretodo, como lo vamos a llevar a cabo. Una serie de factores que, juntamente con las teorías del entrenamiento, influyen de manera directa en la adquisición de las habilidades.  No sólo es importante conocer los elementos que afectan al aprendizaje, sino que hay que conocer la manera de desarrollarlos.

Conocer la metodología de los fundamentos del baloncesto es esencial para el entrenador. Convertirnos en estudiosos del baloncesto, en verdaderos entendidos en la materia ya que, no es necesario ser el mejor entrenador cuando puedes ser el más listo. Entre nuestras cualidades no sólo tenemos que conocer toda la teoría, también debemos ser capaces de realizar nosotros cada movimiento con una ejecución correcta y clara. Cada explicación debe ir acompañada de un ejemplo visual para que el jugador pueda tener una referencia a la hora de ejecutar un gesto técnico determinado. Sobretodo en los jóvenes que empiezan a jugar, ellos necesitan un patrón a seguir para cada ejercicio.

En lo referente al baloncesto y el jugador, los modelos de ejecución y actuación están mediatizados por las acciones del juego y las características fisiológicas. Por lo tanto, sus patrones no son estructuras fijas e inamovibles, sino patrones modelo que se adaptan continuamente para la obtención del mejor rendimiento.

Tres aspectos resultan importantes en las acciones del jugador de baloncesto:

Naturalmente es muy importante conocer la metodología que hace referencia directa a los aspectos puramente del baloncesto y en especial del jugador. Pero en este apartado quiero dedicarme solamente al entrenador y a su método de trabajo. Así que no haremos un análisis de las características de este deporte, sino una visión particular de lo que es ser entrenador. Esta parte científica se refiere a los métodos de investigación que se siguen para alcanzar una serie de objetivos; en este caso, el foco de estudio es el baloncesto. En este análisis no va a ser tan importante el contenido de lo que hacemos en nuestra planificación, sesión o partido sino la manera de trabajarlo.

En nuestros métodos de actuación debemos conseguir tres objetivos claves:

  • Informar: Proporcionar el modelo óptimo de referencia al jugador. Sin la información correcta de un fundamento o concepto, el jugador no podrá realizarlo correctamente y perderemos autoridad comunicativa. Este necesita saber exactamente lo que el entrenador pide en un ejercicio, en su rendimiento o cualquier aspecto determinante. Debemos fomentar la comunicación, en todas sus vías y canales en su momento indicado, para fortalecer así la relación personal y poder remar todos hacia el mismo lado.

 “La verdadera elocuencia consiste en no decir más de lo que es preciso”.

François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.

  •  Motivar: Cuando explicamos un ejercicio tenemos que incluir claves para captar la atracción del jugador. De la misma manera que cuando hacemos una corrección o informamos sobre algún aspecto no es tan importante lo que decimos como la manera en que lo hacemos. Lo entrenadores no deben ser solamente expertos en el baloncesto, también deben ser buenos comunicadores. Un jugador desmotivado nunca va a alcanzar su máximo nivel de aprendizaje, y no vamos a formarlo de manera integral. Siempre debemos confiar, incluso en los casos más adversos, que motivando al equipo conseguiremos una buena dinámica.

 “Las actitudes son más importantes que las aptitudes”.

Winston Churchill (1874-1965) Político británico.

  •  Reforzar: Es importante manifestar al jugador los avances realizados, ya sea en las correcciones, en la manera en que destacamos su mejora o en entrevistas personales fuera de la sesión. Cuando el jugador está informado sobre lo que debe hacer, se siente motivado y ejecuta bien una acción debe saber que está en el buen camino. De la misma manera debemos ser intransigentes con el jugador que no está en dinámica positiva, y, con nuestros recursos de entrenador, reconducirlo por el bien del grupo.

 “La confianza ha de darnos la paz. No basta la buena fe, es preciso mostrarla, porque los hombres siempre ven y pocas veces piensan”.

Simón Bolívar (1783-1830) Militar y político de origen venezolano.

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El entrenador de baloncesto: Las personas antes que los jugadores

          La tarea del entrenador no es nada fácil, a los conocimientos propios del baloncesto le hemos sumado los básicos en psicología. Pero esto no lo es todo,  ya que un buen guía es el que conoce todo de sus jugadores.

          Muchas veces es muy complicado acceder a la información sobre los jugadores por falta de tiempo, contactos, etc. Una buena solución es pedir referencias a antiguos entrenadores que haya tenido a lo largo de su trayectoria, quizás ellos puedan aportarnos datos interesantes. Precisamente, a modo de ejemplo, esto me sucedió hace un tiempo con un jugador adolescente. Conocía sus problemas extradeportivos, su tendencia al mal comportamiento y su pronta vida nocturna. Aún así, me parecía un jugador verdaderamente interesante a nivel técnico y que nos podía aportar cosas que ningún otro jugador lograría hacer para el equipo, con lo que las dudas llenaron mi cabeza sobre si debía ficharlo o descartarlo. Para decidirme llamé a un antiguo entrenador suyo, que lo conocía hace años, con tal de obtener información adicional sobre la clase de persona que podía fichar a la vez que al jugador. Todo lo que me contó fue realmente negativo desaconsejándome rotundamente su contratación. Se trataba de un jugador egoísta y con poco respeto por la figura del entrenador y sus compañeros. Pues bien, no hice caso y me quedé con él. Pasaron las semanas y conseguí que el jugador, dentro del tiempo que duraba la sesión, se comportara de manera responsable y acorde con las normas disciplinarias. Pero, poco a poco, no pude controlar lo que hacía en el vestuario y fuera del pabellón, y su comportamiento nos afectó como jamás había pensado que podía hacerlo un jugador. Sólo decir que no terminó la temporada y tuve que cortarlo a los pocos meses del comienzo de la competición por ser una auténtica “manzana podrida” en el vestuario. Aquél día decidí que en el futuro iba a tener muy en cuenta la opinión de un compañero entrenador, sobretodo cuando sus opiniones estén argumentadas.

           A menudo pensamos que somos los mejores del mundo, que los demás entrenadores son peores y que haríamos las cosas mucho mejor que el resto. De hecho, el gremio de los entrenadores es en el que menos respeto hay entre sus integrantes. Esta prepotencia humana hace que creamos que con nosotros un jugador va a funcionar mejor gracias a nuestro método de entrenamiento y nuestro talento. Si bien hay casos y casos, no podemos pretender borrar y rehacer de nuevo a una persona. No podemos entrar en sus casas e inculcarles hábitos de conducta en su día a día, porque no somos sus padres, profesores de escuela ni tutores. Lo único que somos es el entrenador, y dentro de nuestro campo de actuación podemos ayudar mucho y mucho pero aún así, existen límites y/o limitaciones a nuestro trabajo. Hago especial mención en este punto porque si nos encontramos con un caso como el que he comentado anteriormente, lo mejor será desistir i contratar una buena persona con menos talento antes que a un gran jugador con poca educación. Podemos cambiar cosas, es más, pensemos en que vamos a ayudar a los jugadores a ser mejores personas pero nunca olvidemos que sólo somos sus entrenadores. Lo intentamos una vez, dos y hasta tres si es necesario; pero si el jugador no cumple el código de conducta del equipo y supone un problema para el mismo, entonces no es jugador de baloncesto.

        Lo expuesto en el párrafo anterior responde única y exclusivamente a los casos en los que, como entrenadores, exigimos el máximo de cada jugador en cada sesión con una invariable disciplina y ética de trabajo. La intensidad y la concentración de todos es elevada, existe un sentimiento de equipo y trabajo colectivo que une a sus integrantes hacia un mismo objetivo. Si esto no se cumple, muy probablemente, debemos focalizar toda la atención del trabajo de mejora en nuestro método de entrenamiento y no excusarnos en los errores de los jugadores.

          Phil Jackson¹ en su libro Canastas sagradas nos explica que la concentración no proviene de intentar concentrarse insistentemente en algo, sino de mantener tu mente abierta y no dirigirla a nada. Para conseguir un estado en el cual un jugador es capaz de no pensar en nada más que el baloncesto, es necesario trabajar para que en el vestuario quede todo lo malo que trae consigo una persona antes de convertirse en jugador. Jackson también aconseja que es mejor enfrentarse a los problemas desde una perspectiva de compasión, intentando identificarte con el jugador y observar la situación desde su punto de vista, puede ser un efecto transformador en el equipo. No sólo se reduce la ansiedad del jugador y le hace sentir mejor, como si alguien entendiese por lo que está pasando, sino que también inspira a los otros jugadores a responder amablemente y a ser más conscientes de las necesidades de unos y otros.

La mejor temporada la he tenido con el mejor grupo humano que he entrenado.

1.  Philip Douglas “Phil” Jackson (nació el 17 de septiembre de 1954 en Deer Lodge, Montana), Estados Unidos, actual entrenador de los Angeles LAkers de la NBA además de exjugador de los New York Knicks. Como entrenador, Jackson ha conseguido once títulos de campeonato en la NBA, seis con los Chicago Bulls y cinco con Los Angeles Lakers.

Formación integral en baloncesto

            Desde hace muchos años ha existido un debate abierto entre “ganar o formar” en categorías inferiores. Podríamos exponer muchos argumentos para defender las dos posturas, todos explicados a la perfección y convincentemente, y tratar de concluir en una decisión decantándonos por un método u otro. Pero en el baloncesto de hoy en día, después de la evolución física, psicológica y social, este debate ha quedado oxidado, anticuado y con falta de riqueza argumental. Hoy por hoy hablamos de la formación integral donde todos los aspectos del juego y de su entorno son tan importantes que deben ser tratados por igual y en conjunto.

             No podemos reducir toda la dimensión del baloncesto a dos términos, pues este deporte es mucho más complejo y se ve afectado por la continua evolución o transformación que experimenta la sociedad. De que sirve un jugador con excelente técnica individual pero sin capacidad de motivación, lucha o la concentración que aporta el deseo de la victoria. Como entrenador, por mucho que trabaje prioritariamente los fundamentos esenciales, quiero ver en mis jugadores los ojos rojos después de una derrota. Y esto sólo lo conseguiremos si hacemos entender al jugador que la sociedad del siglo XXI, nos guste más o menos, está diseñada a nivel mundial por y para los ganadores. No se trata de lo que hagas, sino de lo bien o mal que lo vas a hacer.

             Por otro lado las aptitudes psicológicas ya son de manera contrastada un factor tan determinante como el propio talento del jugador.  El ganar y el perder transmiten mensajes diferentes y necesarios para un individuo, en proceso de madurez, que configuraran las características psicológicas de su personalidad. Curiosamente luego le van a pedir en edad senior que exteriorice todos estos intangibles en una cancha de baloncesto, y sólo si ha recibido una formación integral podremos obtener del jugador una serie de cualidades técnicas, tácticas, físicas, psíquicas y humanas tan necesarias para un equipo.

             En resumen, hablamos de formación integral como el concepto para configurar una planificación y metodología de trabajo que adapte a nuestro equipo y a los jugadores al baloncesto que nos viene. Naturalmente esto no entra en contradicción con las peculiaridades que tiene cada categoría o edad. Es decir, si en categorías de Mini la carga de técnica individual es mucho mayor que la de táctica, no vamos a variar de ningún modo esta planificación. En este caso, hablamos de porcentajes de carga y distribución que aumentan o disminuyen a lo largo de su carrera, basándonos en el estado de progreso del jugador, no en su edad. Lo que si debemos trabajar son todos aquellos intangibles englobados dentro de lo que llamamos capacidad psicológica, y que muchas veces con la buena voluntad de sólo formar no potenciamos en el jugador.

             Nos viene una generación de adolescentes con mucha facilidad para conseguir lo que desean cuando son niños. Es la sociedad de la “Playstation” donde si no me gusta algo le doy al botón de reinicio y puedo elegir el nivel. De esta manera están disminuyendo  paulatinamente valores esenciales como el sacrificio, la lucha, la entrega, la voluntad y la ilusión por conseguir las cosas por uno mismo. En nuestras manos está que este, bajo mi punto de vista, error evolutivo tenga más o menos transferencia en nuestros jugadores.