Papá, ¡quiero ser sueco!

Que la crisis no castiga a todos por igual es algo que no voy a descubrir. Pero sinceramente empiezo a tener mucho miedo cuando los negocios de toda la vida de mi ciudad están empezando a cerrar, las cenas con los amigos se suspenden por que la mayoría están en el paro y salir de casa con 20 euros es tener poco dinero en el bolsillo. España lleva casi un mes sin Gobierno, unos porque salen y otros porque aun no han entrado, pero la casa sin barrer. De hecho tengo la sensación que llevamos 4 años sin Gobierno, total para lo que han hecho. La situación no invita al optimismo, aunque siempre hay acontecimientos que nos hacen creer que aún la vida puede ser maravillosa.

A finales de marzo seré padre y estoy muy nervioso. Zapatero nos quitó el cheque bebé y, como me dijo un sabio, si tienes un hijo hoy en día corres el riesgo de acabar pasando hambre. Pero ayer por la noche me pasó algo paranormal, o como dijo Rajoy algo verdaderamente notable, ¡mi hijo me habló! Mientras tenía mi cabeza acurrucada en la barriga de mi mujer, el pequeño decidió comunicarse conmigo para trasladarme su máxima preocupación: Papá, ¡quiero ser sueco! Suecia ya no es aquél país que conocíamos por la oleada turística que inundaba las costas de nuestra península e inspiraba a directores del destape a hacer películas de culto español. El Reino de Suecia es hoy por hoy el mejor destino para encontrar la felicidad. Sólo es necesario seguir la historia del grupo ABBA para darse cuenta que son una civilización avanzada.

Considerada por el Banco Mundial y por el Fondo Monetario Internacional como una economía de Champions League, pero esta de verdad. El Foro Económico mundial la consideró como el segundo país más competitivo del mundo gracias a la madera, la energía hidráulica y el hierro que forman su base económica. Esta economía, que crece cada año ,ha cruzado las fronteras. Grandes empresas como H&M o Ikea (no confundir con el jugador de baloncesto Ibaka, como hizo el portavoz del Gobierno José Blanco) son muestra de la preparación y solidez de sus negocios y proyectos internacionales. En Suecia se vive genial, uno de los mejores países en el mundo en Índice de Desarrollo Humano, que se calcula con tres parámetros: vida larga y saludable, educación y nivel de vida digno. Su índice de alfabetización es del 99%, cualquier niño tiene garantizado un lugar en el colegio público desde la guardería a la universidad. El 90% de los alumnos que terminan el noveno grado (como la ESO de aquí) continúan sus estudios por tres años más (nuestro bachillerato), mientras que un estudio del 2008 en Cataluña calculaba el 56%. El fracaso escolar en España roza el 40%, mientras que en Suecia no llega al 11%.

Otro motivo de peso para emigrar es la baja por maternidad. El cambio es espectacular, de las 16 semanas en España a las 96 semanas a compartir entre padre y madre. Cuando mi hijo nazca solo tendré 15 días de permiso, así que santa abuela y santo abuelo van a criar a mi pequeño una vez concluyan los 4 meses de baja de mi pareja. Subsidios parentales, sueldos de 110€ hasta que cumplan 18 años y un pack gratuito que incluye libros escolares, comedor, tarjeta de autobús, ludotecas, etc. Por último, y no menos envidiado, créditos a interés cero para estudiantes y todas las facilidades para que éstos se independicen mientras estudian. Pero teniendo en cuenta que en Suecia hacer un spanish day significa faltar al trabajo por pereza, no creo que al país escandinavo le haga mucha gracia acogernos entre sus habitantes. Así que mi hijo vivirá en una ciudad donde los ambulatorios han cerrado el servicio de urgencias, donde sea más fácil sacar una entrada para el concierto de David Bisbal que conseguir plaza en una guardería pública, donde políticos prometan libros escolares gratis en campaña para luego echarse atrás por falta de liquidez y en una sociedad rodeado de ninis, si es que no termina siendo uno de ellos claro… Hijo mío lo siento, eres español. Lo único que me queda para salvar mi dignidad como padre es que nunca le falte una Play Station, así todos mis fracasos como padre quedaran en el olvido.

Tack så mycket.

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