La paradoja del abuelo

Supuesto 1

Una persona viaja al pasado y mata a su abuelo antes de que conozca a su abuela, de tal manera que nunca podrán crear a su padre.  Entonces el viajero no nacerá en un futuro ya que su padre jamás será concebido.

Supuesto 2

Si su padre no nace el viajero tampoco puede nacer. Pero si no nace no puede viajar al pasado y matar a su abuelo. Entonces si su abuelo no muere, éste si conocerá a su abuela y juntos tendrán a su padre. Así que el viajero si nacerá.

Este bucle de razonamiento circular no tiene fin. Esta paradoja se cree que fue expresada por primera vez por el escritor de ciencia ficción francés René Barjavel en su novela “El viajero imprudente” (Le voyageur imprudent) de 1943.

El otro día accidentalmente topé con la película El final de la cuenta atrás (1980) de Don Taylor. El film en sí es un poco triste, pero me llamó la atención el dilema moral que plantea. Resulta que en 1980 el portaaviones U.S.S. Nimitz sale de Pearl Harbour en una misión rutinaria. Se encuentran con una misteriosa tormenta que les hará retroceder en el tiempo hasta el día 6 de Diciembre de 1941, víspera del ataque de la flota japonesa a Pearl Harbor. Entonces el capitán tiene la difícil decisión de atacar a los japoneses con una tecnología superior a la época y evitar el ataque contra EE.UU, o por el contrario no influir en el transcurso normal de la historia.

Lo que el portaaviones atraviesa es un agujero de gusano. En física, un agujero de gusano, también conocido como un puente de Einstein-Rosen, es una hipotética característica del espacio-tiempo, descrita por las ecuaciones de la relativadad espacial, la cual es esencialmente un “atajo” a través del espacio y del tiempo. Al atravesarlo te podrías desplazar en el tiempo como si abrieras una puerta en el presente, caminaras por un pasillo y abrieras otra puerta en otro punto del pasado.

Imagínate que tienes ante ti un agujero de gusano, lo atraviesas y apareces en una plaza de Linz, Austria en 1896. Allí te encuentras en un parque al lado de un niño de 7 años que está jugando al borde de un precipicio. Entonces su madre lo llama para ir a comer y le dice “Adolf, tenemos que irnos”…

Los dilemas morales, las paradojas y las cuestiones sobre realidad, ciencia y física son las que hacen del concepto de viajar en el mundo un tema muy recurrente y jugoso. La literatura y el cine recogen múltiples ejemplos, unos más cerca de la realidad que otros, sobre el anhelado sueño de desplazarse a través del tiempo. Recomiendo ver la película Donnie Darko. Una paranoia espectacular sobre la idea de los universos primarios y tangenciales que no tiene desperdicio.

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