¡Quiero cambiar! Pero, ¿por dónde empiezo?

Muchas veces nos sentimos tristes, agobiados, desubicados o perdidos. Esta sensación a veces podemos justificarla claramente: un despido, una pelea, una decepción amorosa, problemas económicos, etc. Pero no siempre es así, a menudo nos encontramos que hemos pospuesto tanto un cambio necesario que cuando queremos hacerlo ya no sabemos por dónde empezar. Robert Dilts construyó un modelo estructurado para ser el mapa que nos guíe en un cambio personal o aprendizaje en busca del equilibrio emocional. El campo unificado es un marco donde podemos identificar en que zona debemos intervenir para poder llegar al estado deseado.

 

Niveles neurológicos del campo unificado de aprendizaje y cambios:

  1. Espiritual: Es el nivel más profundo donde se construyen los cimientos de nuestra existencia. Un índice espiritual lleno de cuestiones metafísicas como: ¿Cuál es nuestra misión en la vida? ¿Por qué estamos en el mundo?
  2. Identidad: Representa la misión que tenemos en la vida. La forman todos los valores y objetivos que forman nuestra personalidad.
  3. Convicciones: Es todo aquello que pensamos que es verdad. Son las reglas que usamos en nuestra acción diaria. Estas convicciones pueden ser permisivas o limitativas.
  4. Capacidad: Es el grupo o conjunto de comportamientos, habilidades generales y estrategias que empleamos en la vida.
  5. Comportamiento: Son las acciones especificas que realizamos cada día.
  6. Entorno: Es todo lo que nos rodea: nuestra ciudad, los amigos, la familia y todas aquellas personas que al entrar en contacto con nosotros nos generan una reacción.

Pero lo realmente interesante de todo esto es cuando lo llevamos al caso práctico, pongamos un ejemplo. Un jugador de baloncesto puede tener un mal partido (comportamiento) y procesarlo como una experiencia negativa. Al siguiente partido vuelve a estar desafortunado y la afición (entorno) empieza a silbarle. Esto le crea dudas sobre sus posibilidades de ayudar al equipo (capacidad) y entra en un bucle de desconfianza que le hace jugar cada vez peor. Al poco tiempo piensa que ya no tiene el talento suficiente para poder jugar en su equipo (convicciones), así que le pide al presidente que lo libere del contrato o lo traspase ya que no disfruta jugando al baloncesto (identidad). El cambio no llega y termina la temporada. Entonces se pregunta (espiritual): ¿realmente quiero hacer esto? ¿Me siento jugador de baloncesto?

El jugador se siente solo, sin ilusión por empezar una nueva temporada en el equipo ni en cualquier otro, así que convoca una rueda de prensa donde comunica a los medios que se retira como jugador en activo.  

Este es un claro ejemplo de cómo un problema puede crecer hasta el nivel más alto si no lo solucionamos en su momento. Cómo vamos a procesar todas las experiencias que vivimos cada día va a ser la clave para que no tengamos dudas sobre capacidades, comportamientos o convicciones. 

La solución hubiera pasado por no caer en una convicción limitativa. Un mal partido no me define como jugador ni mucho menos como persona. Tener claro que un talento o capacidad no depende de un caso aislado, es un proceso de aprendizaje de muchos años de entrenamiento. Así que si tengo una mala actuación – comportamiento debo trabajar más en mis habilidades – capacidades para estar más preparado para el siguiente partido. Si se mantiene el foco en estos niveles jamás ascenderá el problema a una crisis de convicciones como jugador. La forma en que te percibes a ti mismo es lo que determina todo. Como procesas todo aquello que te sucede.  

Cuántas veces hemos escuchado el caso del amigo de un amigo que se fue al extranjero (entorno) para poder salir del mundo de la droga. Lo curioso en estos casos es que muchas veces al volver esta persona vuelve a caer en las drogas. Según Dilts el problema estaría en las convicciones y no en el entorno. Si cambio de ciudad – entorno pero no cambio la convicción de que las drogas no me ayudan, jamás solucionaré el problema.

Un cambio en un nivel superior siempre tendrá efecto en los niveles inferiores. Así que si se desea cambiar el comportamiento hay que trabajar en las creencias o las capacidades.  Por el contrario, es difícil hacer un cambio en el nivel de la identidad sin tener el apoyo de las creencias o las capacidades. Encontrar el equilibrio de cada uno de los niveles es el objetivo y la llave para acceder a la felicidad o almenos acercarnos a ella.

1. Robert Dilts (www.nlpu.com/NewDesign/NLPU.html)

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